Los baños, tanto públicos como privados, han estado presentes en muchas de las civilizaciones a lo largo de la historia. Son numerosas las prácticas, religiosas y sociales, que desde la antigüedad han venido teniendo como acto principal el bañoasociado éste a la limpieza, tanto del cuerpo como del alma o espíritu, a la purificación. A finales del siglo V a.C. las estancias destinadas al baño empezaron a cobrar importancia, se perfeccionaron y crecieron, convirtiéndose en lugares independientes destinados sólo al disfrute del agua. Estas estancias ofrecían baños de vapor y piscinas frías, templadas y calientes.

En Roma, siguiendo el ejemplo griego, se construyeron estancias similares que pronto fueron del gusto de la ciudadanía. Ya no solo se realizaban los actos de limpieza y relajación, así como aquellos medicinales cuando las aguas tenían propiedades curativas, sino que se añadía un cuidado del cuerpo que incluía prácticas deportivas y un ritual de masajes con diferentes sustancias como esencias aromáticas y aceites especiales.

 

Las termas romanas fueron lugares ideales para la conversación y la relajación. Se cuidaba el ambiente con una delicada decoración en donde no se escatimaban medios, gigantescas bañeras de mármol, esculpidas en un solo bloque, y estancias llenas de maravillosos frescos, mosaicos y estatuas. Más adelante se incorporó este concepto al baño árabe o «hammam», también basado en distintas estancias dedicadas al agua y a los baños de vapor.

 

 

El cuarto de baño, «balnea» en la villa romana, era un espacio asociado al rito de relajación y disfrute del agua, una versión a pequeña escala de la terma pública. En la actualidad, no solemos disponer de un espacio demasiado amplio para este fin, pero sí de recursos para crear un ambiente acogedor y agradable, escoger cuidadosamente los materiales, colores y texturas, cuidar la iluminación, tanto natural como artificial, y cada elemento con todo detalle.

Un lugar para el baño junto a una ventana, por ejemplo, es un lujo que puede estar a nuestro alcance si disponemos de espacio suficiente para una bañera, mucho más si conseguimos una ventana a baja altura y con una buena orientación. La ducha, sin embargo, requiere más de una buena iluminación que de unas vistas, y esto puede conseguirse fácilmente, aún si el cuarto de baño es interior. Lo importante es conseguir un espacio que invite a la relajación.