Dependiendo del diseño, obtendremos una cocina muy moderna y que combina con toda clase de materiales. En el estilo «vintage», combinado con otros elementos, podemos crear un estilo retro y muy personal.

El objetivo es aprovechar el máximo espacio posible respetando la comodidad y funcionalidad, sin olvidar la necesidad de recuperar los sentidos, el regreso a lo natural del ambiente familiar, a los recuerdos más recónditos, al reencuentro de lo clásico con lo contemporáneo.

Notre Dame du Haut, Ronchamp (Le Corbusier)

(Nicholas Alan)

El blanco y la luz son la unión perfecta. El blanco: lo primero, lo puro, lo neutro, lo vacío, lo nuevo, el inicio. La luz: el sol, el calor, la transparencia, el punto de partida, la fuente de la vida. Ambos son símbolos de la calma y la espiritualidad, aplicados de forma sutil dan amplitud a los espacios y nos transmiten paz. De igual forma, con la intensidad adecuada, pueden transmitir vitalidad y energía, creando espacios alegres que invitan a la actividad y a la actitud positiva.

El blanco, como color definidor de espacios, tiene una cualidad única por la que resulta siempre una elección acertada: no existe. El blanco es el único color imposible de alcanzar aplicado en una superficie, ya que adquiere siempre matices de color dependiendo de la luz y los reflejos del entorno. Nunca percibimos una superficie como totalmente blanca, al igual que no existe una luz totalmente blanca. De esta manera, resulta sutil y de tonos cambiantes. Sin embargo, siempre nos aporta el máximo de luminosidad, así como la base neutra perfecta para hacer destacar elementos puntuales de colores primarios ó intensos que cobrarán vida por si mismos. Usar pequeños elementos en tonos fuertes sobre una base blanca amplia y luminosa es una forma de hacer destacar el color de manera singular.

Lo mismo ocurre si queremos lograr el dramatismo propio de combinarlo con tonos oscuros: colores tierra, grises o negros, consiguiendo un efecto luz y sombra para subrayar líneas y volúmenes, jugando con los contrastes entre las superficies, dibujando los espacios. El claroscuro es siempre un recurso cuando queremos conseguir la teatralidad propia del contraste, tanto si utilizamos iluminación natural, mediante mecanismos de control de la luz solar, como artificial, jugando con la iluminación indirecta de las superficies. Este es un principio básico de la fotografía en blanco y negro, por ejemplo, ya que prescinde del color para centrar la atención en los matices de luces y sombras, y las texturas.

La luz es vida, interviene en todos los procesos de la naturaleza, y de la misma forma da vida a los espacios inertes: consiguiendo la luminosidad adecuada, en todo espacio creamos confort. El blanco es luz, y la luz hace arquitectura.